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jueves, 1 de abril de 2021

5 de mayo, día de la salud mental materna



El embarazo y el primer año del bebé constituyen una de las etapas más desafiantes en la vida de una mujer, puede ser una época sumamente difícil y estresante.

Durante el embarazo y en el puerperio las mujeres somos susceptibles de tener o desarrollar los mismos trastornos emocionales que en cualquier otro momento (ansiedad, depresión, etc). Sin embargo en esta etapa priman los ideales culturales vinculados a la idea de vivir el embarazo y el nacimiento con alegría y plenitud, generando que las mujeres nos abstengamos de reconocer nuestros sentimientos por el estigma que va atado a ello y considerarnos “malas madres” (la idea de que fallamos en confirmar el estereotipo y las preocupaciones sobre cómo puede llegar a ser puesta en duda nuestra aptitud para ser mamá).
Un estado de ánimo decaído luego del nacimiento del bebé (low mood o «baby blues») es muy frecuente y ocurre en el 30% a 80% de las mujeres durante las primeras semanas de puerperio. Es leve y transitorio, y debe ser diferenciado de la depresión clínica en el período posnatal.
Existen numerosos mitos sobre la depresión en el período postparto: la idea de que los síntomas y efectos son menos graves, que desaparecen solos, que son causados por desequilibrios hormonales, o que es diferente de la depresión que ya estaba presente antes del parto. Todas estas ideas son engañosas.
Este es uno de los padecimientos más subdiagnosticados y sin embargo 1 de cada 5 mujeres sufre un problema de salud mental en el embarazo o durante el primer año de vida de su bebé.
Como dice @sarahoreckmd está bien amar a tus hijos y aún así:

·Luchar con la maternidad
·Querer pasar tiempo lejos de ellos
·Irritarse con ellos
·Extrañar tu vida sin ellos
·Querer un descanso
Si sos mamá y sentís que algo de esto te está pasando pedí ayuda
La imagen del post pertenece a @isolmisenta en “El Menino”.

Reposted from @lic.eugemonsalvo

sábado, 7 de septiembre de 2019

 
                                                    Sábado 12 de septiembre - 11 hs
✨YOGA PARA MAMAS acompañadas por sus BEBÉS + RONDA DE CRIANZA ✨



💻formato virtual ONLINE
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Práctica corporal dirigida a mujeres con bebés pequeños.

En esta etapa de gran exigencia te propongo darte un momento de pausa, de autocuidado con el fin de aliviar las molestias y dolores típicos de esta etapa, y a la vez compartir con tu bebé/a un momento de bienestar.

También le damos espacio al intercambio de información y experiencias, creando una red de sostén y contención.

+ info: josenoyaestudio@gmail.com // whatsapp: 11 4178 5854

lunes, 22 de julio de 2019

¿Qué es el Puerperio?


Para reflexionar sobre el puerperio (1) es preciso abordar situaciones que no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero no por eso son menos reales. En definitiva se trata de lo invisible, del submundo femenino, de lo oculto, de lo que está más allá de nuestro control, más allá de la razón para la mente lógica. Para hablar del puerperio, tendremos que inventar palabras u otorgarles un significado trascendental. Es oportuno considerar el período puerperal como un tránsito que dura entre dos y tres años, mientras nuestro campo emocional está compartido fusionalmente con el campo emocional del bebé. Es un tiempo en el que esa díada constituida entre nosotras y nuestro bebe navega un mar con sus propias leyes: lentas, silenciosas, curvas, íntimas y misteriosas. Durante este proceso el mundo concreto nos queda lejos. Esta experiencia puede traer consigo alteraciones precipitadas de la conciencia, abriendo un canal de percepciones extrañas que resultan innombrables para quienes nos hemos convertido en madres. De hecho después del parto, invariablemente las mujeres lloramos desconsoladas preguntándonos “¿quién soy?”, “¿qué me pasa?” y “¿qué he hecho yo para merecer esto?”. La certeza de haber enloquecido para siempre es mayor en la medida en que anteriormente nos hayamos identificado con aspectos relativos a la acción y la eficacia en nuestro desempeño cotidiano. Esto es especialmente sorprendente en las mujeres ordenadas, activas, cumplidoras, puntuales, exitosas y pensantes.  Para colmo, en la medida que hayamos previsto y organizado con anticipación el funcionamiento del futuro vínculo con el hipotético bebé, el desconcierto es francamente aterrador. Sobre todo en los casos en que participamos seriamente en una preparación racional para el parto, seguimos puntillosamente todos los ejercicios, el parto en sí resultó medianamente satisfactorio y todo hacía suponer que la presencia del bebé continuaría con un desarrollo previsible. El problema para las madres recientes es aprender a sumergirnos simultáneamente en la inmensidad de nuestro campo emocional para luego emerger al mundo concreto (trabajo, dinero, preocupaciones cotidianas) y regresar una vez más al ritmo susurrante del bebe, en una danza para la que no tenemos entrenamiento. Mundo racional y mundo sutil. Mujer emprendedora y madre paciente. Acción y espera. Decisión y leche. El puerperio puede ser enloquecedor o puede ser una bendición. Depende si estamos dispuestas a sumergirnos en las aguas de nuestro yo desconocido. Y si buscamos sostén para la travesía.
Laura Gutman
(1) La visión clásica y médica lo define como el periodo de tiempo que va desde el momento en que el útero expulsa la placenta hasta un límite variable, generalmente 6 semanas, en que vuelve a la normalidad el organismo femenino. Se caracteriza por una serie de transformaciones progresivas de orden anatómico y funcional que hacen regresar paulatinamente todas las modificaciones gravídicas (involución puerperal). Tras un parto, siempre quedan señales indelebles que indican que lo hubo, aún después de muchos años, sobre todo si el parto fue intervenido.
La involución, especialmente del aparato genital, y el establecimiento de la lactancia, son los hechos más característicos del puerperio, condicionando en general esta última que no se recupere el ciclo menstrual hasta al cabo de unos meses, incluso años, si la lactancia es a demanda y prolongada.

Este periodo de tiempo se divide clásicamente en:

Puerperio inmediato: las primeras 24 horas.
Puerperio precoz o propiamente dicho: desde el 2 al 7‑10 días (primera semana).
Puerperio tardío: hasta los 40‑45 días (retorno de la menstruación)

martes, 4 de junio de 2019

Crianza en tribu en Parque Chas


👉Nuevo encuentro de tribu para que podamos conversar y reflexionar juntas sobre la crianza, sin sentirnos juzgadas y construyendo una red de apoyo y acompañamiento. .
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#crianzaentribu #diada#mamasybebes #concienciacorporal#puerperio #bienestar 

martes, 30 de enero de 2018

El puerperio nos sorprende

Cambios psicológicos que no esperamos con la maternidad: el puerperio nos sorprende


Nos preparamos para muchos cambios ante la llegada de un bebé pero hay un aspecto menos previsto de la maternidad: el puerperio. Los cambios implicados en la elaboración que implica el pasaje a la maternidad, el puerperio es la parte que trae consigo más temores y a veces miedos muy intensos.

Sobre muchas de las cosas con las que nos encontraremos al comenzar a transitar éste nuevo camino, ya teníamos alguna idea o creíamos tenerla. Pero luego, frente a un recién nacido real y todos los cambios en nuestra vida cotidiana, todo se ve diferente.

En mi consulta psicológica, he visto muchas parejas de padres recientes, que se sienten solos o que sólo a ellos les toca vivir una serie de altibajos desconcertantes. Sin embargo, son propios de la transición a la maternidad/ paternidad. De ahí la importancia de poner en conocimiento a los padres de algunos cambios psicológicos que están implicados en éste proceso. Éstos cambios, por lo general, comienzan a presentarse en el embarazo y después del nacimiento. Son producto de las llamadas crisis evolutivas.

El hecho de que la transformación biológica ocurra en el cuerpo de la mujer tanto en el embarazo como en el parto, posparto y la lactancia, centra como primordial la relación madre-hijo. De ella depende la subsistencia del nuevo ser y éste aspecto suele implicar procesos más complejos que los vividos por el padre y que sean las madres, por tanto, las figuras predominantes en ésta temática. Por éste motivo, me centraré especialmente en la maternidad por más que se trate de la «pareja parental».

Con la nueva maternidad, el puerperio se hace sentir de forma insospechada. Además de cuestiones sencillas para aprender a manejarse en aspectos del cuidado infantil, existen una serie de temores psicológicos propios de la nueva etapa evolutiva. Son temores que cuesta comprender cuando están ocurriendo. Habitualmente, en poco tiempo nos habremos hecho con los cambios y podremos disfrutar de ésta etapa más relajadas y con más confianza en nosotras mismas.
Temores habituales ante la maternidad:
Temor a no poder hacerlo bien

Por unos meses, especialmente el primero, puede que nos haga sentir agobiadas hasta que aprendamos a manejarnos mejor con las distintas situaciones, que el bebé duerma toda la noche, que va aumentando de peso, etc. Por debajo de todo ésto, lo que ocurre es que finalmente comprendemos un poco mejor lo que implica transformarse en madre. Hemos asumido una gran responsabilidad con otro ser humano que dependerá de nosotras. Esto despierta el gran temor de si seremos capaces de hacer las cosas tan bien como para que la vida de éste nuevo ser se desarrolle felizmente.
Seremos madres toda la vida pase lo que pase y las 24 horas del día.

También descubriremos que tener ratos para nosotras mismas ya no resulta tan sencillo, por un tiempo necesitaremos elegir entre ¿me ducho o duermo? mientras duerme el/la bebé. O que ya no podremos ni ir al baño sin estar con la puerta abierta cuando estemos solas… Nuestras expectativas y prioridades cambiarán mientras que las necesidades del pequeño/a irán por delante. Durante un tiempo, dejaremos de plantearnos leer un libro y agradeceremos que una película se pueda retroceder. Conviene intentar tener presente que la paciencia y el humor son grandes aliados, es algo pasajero.

Aprender a descifrar las demandas constantes del nuevo integrante y cómo satisfacerlas, llevará un tiempo. A su vez, el tiempo variará según cada bebé y cada mamá, así como de cada entorno. Aunque nos pueda resultar agotador y a veces desesperante, lo cierto es que pronto nos iremos haciendo con el tema. Iremos descubriendo lo que nos trata de comunicar cuando llora y que ésta es la única vía que tiene para hacernos saber que algo le está pasando. Antes o después, la comunicación será más sencilla. Saber que no comprender todo inmediatamente, no implica que seamos malas madres, facilitará la comunicación.

Los bebés necesitan sentirse acompañados, se asustan mucho y a ellos el cambio en su forma de vida, también les cuesta adaptarse. Para éstas cosas es bueno tener presente que no hay nada tan beneficioso para ellos como el piel con piel. Y resulta muy positivo para ambas partes. Los bebés necesitan volver a escuchar el corazón de su mamá, oler su piel y sentir que está cerca.
Comprender que dejamos atrás nuestro lugar de hijas e hijos

El cambio de rol* que implica el pasaje a la maternidad requiere ciertos ajustes. Por ejemplo, durante el embarazo los cambios pasaban por la mamá, sobre cómo estaba, cómo se sentía, etc.. Durante los meses del embarazo se han sentido especiales y el centro de atención. Después del parto en cambio, el recién llegado acaparará toda la atención del entorno. Es un hecho que puede provocar que muchas madres se sientan relegadas e incluso obviadas. Son sentimientos normales y pasajeros al producirse el pasaje para asumir su nuevo lugar, su nuevo status*. Luego, se podrá vivir con orgullo cada aspecto de nuestro hijo/a y se irá abriendo el camino de las vivencias maternales. En síntesis, al asumirnos madres, iremos poniendo al niño por delante nuestro.
Miedo a transformarnos en nuestra madre o padre.

Durante la preparación que implica la nueva maternidad, el puerperio es el menos esperado. Frente a la nueva realidad, solas junto a ese pequeño ser, nos vemos «madres», lo que remite a nuestra madre. La paternidad tiene el curioso poder de despertar muchos sentimientos y experiencias de nuestra infancia. Tanto para la nueva madre como para el padre. Según hayan sido las respectivas vivencias con las figuras parentales durante el desarrollo, puede despertarse el temor de «ser ellos» o cómo ellos. En ocasiones, ese temor, puede provocar diferentes grados de malestar o angustia. A medida que vayamos comprendiendo que el cambio de status no implica repetición, iremos forjando nuestra propia modalidad parental. Es verdad que cometeremos aciertos y errores, pero serán «nuestros». Entonces, la transición será más sencilla.

La transición también la viven los abuelos

Éste aspecto suele ser más notable para la relación entre mujeres ya que están culturalmente más vinculadas a la crianza. Resulta positivo recordar, que para quienes se transforman en abuelas, también implica un cambio de status y rol. Ellas también deberán aprender. Acostumbradas a criar a sus hijos, a velar por ellos, ahora deben apartarse. Deberán dejar espacio para que surja esta nueva madre, respetar sus decisiones y formas de resolver la nueva relación familiar. Además, tratar de no dar consejos que no fueron pedidos y brindar la mayor ayuda posible. Por otra parte, será un momento muy propicio para intentar subsanar aspectos del pasado en la relación madre-hija. Será una gran oportunidad de brindar apoyo, ayuda y cariño. Es importante porque es un momento en que las nuevas madres se sienten muy vulnerables y confundidas.

Por último, hay que recordar que TODAS las mamás pasan en mayor o menor medidas por éstos temores.

Definiciones:

*Status: Se refiere al lugar que ocupa una persona en un grupo. Una persona puede tener diferentes status, por ejemplo: padre de familia, empleado, etc,

*Rol: Se trata del comportamiento esperado de acuerdo al status que ocupa dentro del grupo.

Nota extraída de 
https://www.espacioperinatal.com/
Por Liliana M. Lund

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